EDUCACIÓN EMPRENDEDORA DESDE PARAGUAY A TANZANIA

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Los diferentes ruidos que producían el desvencijado Toyota por los serpenteantes caminos que conducían al colegio secundario Ilowola, eran los únicos que no encajaban en el quieto paisaje de valles y colinas de esa diáfana mañana al este de Njombe, Tanzania, África oriental. En su interior, unos 30 alumnos y alumnas iban muy concentrados a pesar de las sacudidas del viejo vehículo, a iniciar sus estudios secundarios con una metodología que experimentarían y que fuera traída de un ignoto país llamado Paraguay.
Llegué a Tanzania una calurosa mañana de octubre con la misión de transferir nuestro modelo educativo de Cerrito, Benjamín Aceval. Mi nerviosismo no era menor al de los alumnos que llegarían esa mañana a Ilowola y donde replicarían nuestra filosofía de “aprender haciendo, vendiendo y ganando”.
En pocas palabras, debería ser capaz de despertar en ellos ese ser emprendedor que todos los días enseñamos y vivimos en nuestra Escuela Agrícola Cerrito, produciendo bienes y vendiéndolos para solventar los gastos de un colegio de primer nivel orientado a familias de escasos recursos. Para llegar a Ilowola, tuve que conducir unos 650 km de mi casa tanzana, atravesando 50 km del parque nacional Mikumi y disfrutando de la compañía de jirafas, elefantes, antílopes, búfalos y cebras que, indolentes, se cruzaban en mi camino, preguntándome muchas veces qué hice para merecer tanta bendición, tan lejos de mi país, en la tierra del Serengueti, los Massai y el Kilimanjaro. 
Mi primer día de clases con los alumnos de Ilowola fue inolvidable. Iba a impartir lecciones de negocios y emprendedurismo a personas que no hablaban una jota de español y yo sin hablar una jota de swahili. Fue entonces que empezaron las risas, ¡risas tanzanas, puras, estruendosas y contagiantes! Y así, con mímicas inicialmente y con un poco de inglés, iniciamos la transferencia de conocimientos desde Paraguay a Tanzania en un lejano 2012. Sin importar la cultura, el idioma, la topografía, demostramos que lo que enseñamos en Cerrito, era perfectamente adaptable a cualquier contexto mundial. 
Desde aquella vez y por los siguientes 6 años, replicamos un modelo educativo paraguayo, creado, perfeccionado y enseñado día a día en la Escuela Agrícola Cerrito, en 119 colegios y escuelas a lo largo y ancho de Tanzania.
Hace casi 2 años que volví a mi Paraguay querido, pero la semilla que dejáramos con otros compañeros en aquellas tierras lejanas, continúan germinando y diseminándose cada vez con mas fuerza. Muchos de esos colegios, están reemplazando las cuotas estudiantiles con la producción y venta de bienes y servicios que realizan juntos profesores y alumnos… igual  que en Cerrito.
Hoy, lejos en la distancia y en el tiempo, en mi oficina de la Escuela Cerrito, a veces cierro los ojos y veo gente de piel morena despidiéndome con sus pañuelos blancos al viento y deseándome buen viaje con un coro de ¡Safari Njema!

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